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Los Caprichos fueron publicados por Goya en 1799, cuando acababa de ser nombrado Primer Pintor de Cámara. Son la primera serie de estampas concebidas por el artista como una obra completa y cerrada, prevista para ser vendida como conjunto, alcanzar una proyección amplia y servir como llamada de atención en una sociedad agobiada por la represión, la intolerancia, el dogmatismo y la ignorancia.
El sentido crítico y satírico de las imágenes se ve reforzado por los títulos, aunque éstos sean a veces deliberadamente imprecisos y ambiguos. En el anuncio que Goya publica el 6 de febrero de 1799 en el Diario de Madrid ofreciendo al público sus Caprichos, presenta la obra como "una colección de estampas de asuntos caprichosos", inventadas con el propósito de censurar los errores y vicios humanos. No obstante, por temor a posibles consecuencias negativas, puntualiza que con ninguna de las composiciones pretende ridiculizar a individuos concretos, sino que desea moverse en un plano universal, combinando en personajes de su invención circunstancias y caracteres comunes a muchos individuos. A pesar de estas matizaciones, sus contemporáneos debieron ver en las estampas acusaciones concretas, pues en 1803 -posiblemente para protegerse- regala Goya las planchas con los ejemplares que le quedan de los Caprichos al Rey Carlos IV, que las destina a la Real Calcografía, donde aún se conservan. Los asuntos tratados en las estampas componen un retablo vivo de vicios y defectos humanos y tienen que ver con la religión, la moralidad, el amor, el matrimonio, la seducción, el rapto, la violación, la superstición la brujería, los desmanes de la Inquisición, la vanidad o la charlatanería. Nada ni nadie escapa a la mirada implacable del artista. Las estampas fueron todas ellas precedidas por dibujos preparatorios. Sólo los que satisfacían al artista eran traspasados a la plancha. Con maestría absoluta emplea Goya el aguafuerte y también el aguatinta, esta última especialmente para los fondos oscuros e intensos, de los que emergen unos cautivadores blancos de gran pureza y luminosidad. Las soberbias estampas que ofrecemos pertenecen a la rara tercera edición de 1868, que Tomás Harris califica de edición muy reducida y valora como bien impresa. Se trata de la última edición estampada con las planchas en su estado original antes de ser aceradas.( ver Tomás Harris, Goya. Engravings and Lithographs vol. II, Oxford 1964, pág. 66).
El formato de la estampa es 31 x 23 cm, con passepartout 48 x 38 cm
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